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martes, 10 de diciembre de 2013

Mariposa


Ella tenía sólo cuatro años, fue en una cena familiar con sus abuelos, un tío y su papá. Ya terminando la cena, éste, presintiendo un futuro cercano, le pregunta a su hija: '¿Qué pasaría si alguna vez alguien nos separara?' La niña se llevó un bocado de arroz con queso derretido a la boca, lo masticó en silencio y lo tragó. Luego, hizo 'hombritos' y, mirando al aire de manera despreocupada, dijo: 'No importa, yo me convierto en mariposa y vengo igual'. Y siguió comiendo su plato preferido. Cada uno de sus queridos sentados a la mesa congelaron sus gestos; con sus tenedores suspendidos a mitad de camino a la boca, atragantaron sus palabras. Se miraron entre ellos. El tío, también un niño, esbozó una sonrisa, tratando de entender lo que para él era difícil entender. El abuelo empañó sus ojos duros de cristal. La abuela abandonó la mesa para ocultar su llanto. Y yo, su padre, esbocé una sonrisa; acaricié su mejilla, y le mentí: 'Podés estar tranquila, bebé, seguí comiendo, nada de eso va a pasar. Desde niño, cada vez que deseé la llegada de las mariposas, ellas siempre volvieron'. Desde esa noche, mi madre, cada vez que ve una en el jardín, le habla, le dice cuánto la extraña, y le pide, por favor, 'no te vayas'. El abuelo tiene la mirada dura, tan dura...! muy dura, para que no se rompa; el tío sigue sin entender lo que jamás podrá entender. Y yo... desde hace años vienen a mí bandadas de mariposas. Hay algo que se transformó en mi piel, algo que convirtió el amargo sudor del cansancio y el dolor, en dulce néctar. Sí, las mariposas se posan en mi cuerpo, y cada día son más. Se están despidiendo; abandonan su cuerpo, que una vez fue crisálida, luego mariposa. Ahora, las escucho batiendo en sacudidas ondulantes sus alas, desprendiendo en el aire (en ese aire de una crisálida de primavera ya casi convertida en estío) el pigmento de sus colores. El viento, con sus pinceles rosados, sonrojarán tus mejillas; los verdes y azules tornasoles, darán contornos a tus párpados; los negros, el rímel; y los blancos, iluminarán la risa de tu boca. Los amarillos prismados en eclipse de sol, harán de tus ojos dos destellos. Yo te mentí, mi preciosa; te mentí, mariposa. No pude evitar que nos separaran... En cambio vos, y no sé de qué manera, te escabulliste por la cerradura de tu celda, y volaste hacia mí. Lo hiciste hasta en las frías noches de invierno, en que, de haber nevado, hubieras soportado el frío y el peso de los cristales de nieve sobre tus frágiles alas. La tormenta ya pasó y la nieve ya no enfría. No creo que vuelva a mentirte, la nieve no volverá a ser fría... eternamente cada mariposa tendrá abrigo en algún hueco de la cavidad de mi pecho. Hay un agujero que ahí quedó abierto para siempre como puerta de entrada.
¡Oh, mariposa!, mariposa, mariposa, te estás acercando... ahora vuelvo, voy aquietar al viento.








Autor: Cristian Crucianelli

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cristian_crucianelli@yahoo.com.ar
Facebook: Cristian Cine Nauta

2 comentarios:

  1. Si otra campana verdadera tiene que escuchar, Lourdes va a entender. Con ayuda...

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